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Carta a mi abuelo

abuelo


Abuelo no llegué a conocerte pero me siento como si lo hubiera hecho. Desde que tengo uso de razón he visto, tanto en nuestra casita como en casita de la abuela, muchas fotos tuyas. Fotos con la abuela sobretodo. Y estáis muy guapos. A mi me gusta mucho verlas. Me han dicho que eras muy bueno. Sé que eso lo dicen de todo el mundo que está en el cielo pero yo creo que tú eras bueno de verdad. Lo sé porque la abuela me ha dicho que te quería mucho mucho, y eso tiene que ser porque eras muy bueno ¿no?.

El otro día me dijo mami que era tu cumple,  y ella estaba un poco triste, no sé que le pasaría, con lo que molan los cumples!! No sé porqué no pudimos celebrarlo juntos, con lo que me gusta a mi soplar las velas de la tarta!! Te hubiera ayudado! Yo sé que hay otros niños que tienen abuelos, y van con ellos al parque y les compran golosinas. No entiendo porque yo no puedo hacer eso contigo abuelo. Mami dice que a veces la vida es muy injusta, y debe llevar razón, porque mami siempre lleva razón.

El martes fue mi cumple y tampoco viniste. Dice mami que no puedes venir, que nos dejaste hace más de cinco años, pero que estás vivo en nuestro corazón. Yo no sé que quiere decir eso, ni dónde está el corazón ese (me han dicho que en el pecho pero yo no lo he visto todavía) pero yo lo que quiero es que estés vivo aquí, conmigo y con mami, que dice que tiene ganas de verte, y con la abuela, que cuando habla de ti tiene una sonrisa rara, como si estuviera triste.

También me han dicho que seguro que estás muy orgulloso de mi, y de mi hermano, y de mi primo. Dice mami que ojalá nos hubieras podido conocer. Ya te aviso yo que son guays aunque a veces nos pegamos un poco.
Yo te prometo que me voy a portar muy bien para que sigas estando orgulloso de mi y un día vengas a conocernos ¿vale?

Un beso abuelo. 
Marco.

* Con esta carta participo en la primera iniciativa del grupo de Google + «Maternidad de la A a la Z», pupiletras maternal. Si quieres leer las demás aportaciones de la iniciativa visita el post de Mamá y nené «Amor paternal. ¿Amor incondicional?»

Dos años y sumando

Hoy hace dos años que me casé.
Yo, que siempre había dicho que no me iba a casar. Pues toma ya, con menos de cuatro años de conocer a mi marido y dos monstruitos en nuestras vidas, vamos y nos casamos. Y no os voy a decir que fuera el día más feliz de mi vida porque no lo fue, que esos fueron el día que conocí a mi marido (el que nosotros llamamos el aniversario «de verdad») y el día que conocí a mis hijos, pero eso sí, bien me lo pasé un rato eh?? Vaya que si me lo pasé bien!!!!
A lo mejor el sitio elegido no fue el ideal, porque no lo fue. Tengo muchas quejas de la organización y de cómo salió el convite. Pero eso sólo son quejas técnicas. Porque lo importante. El novio y los invitados, fueron los perfectos. Y eso es con lo que me quiero quedar.
Fue un día muy bonito gracias a la gente que me acompañó. Algunos incluso vinieron desde Málaga y desde Suiza para pasar ese día con nosotros, y eso es de agradecer. Así que desde aquí quiero agradecer a todos y cada uno de los que allí estuvieron que nos acompañaran en nuestro día.
En estos dos años ha habido de todo, un cambio de país, los dos monstruitos creciendo y haciendo cada día más difícil la crianza y la estabilidad psicológica de su madre, ratos buenos, ratos no tan buenos…en resumen, dos años de locura de los que volvería a vivir cada minuto sin ninguna duda. Porque estamos los seis juntitos. Y eso es lo importante.
Hoy es el día de la familia así que…..
FELICIDADES Papi, monstruitomayor, monstruitopequeño, Canelo, Strubeli y, por supuesto, felicidades yo, que no voy a ser menos!!!!

Os dejo unas fotitos del día en cuestión  😉

Lluvia de arroz saliendo del juzgado
Llegando al convite

En la celebración
Tarta cortada

Los primeros días del bebé en casa

Acabas de ser madre, durante el embarazo has leído miles y miles de libros pero aún así, no sabes como con toda la teoría que se agolpa en tu cabeza, te encuentras «rara» con ese bebé tan mono que te han dado en el hospital y que resulta que sí, que es tu hijo.
Tranquila, nos ha pasado a todas. Y para eso estamos, para ayudarnos. Así que ahí van unos consejillos.
1. Olvida todo lo que has leído. Así de claro te lo digo. Hay miles y miles de libros, de corrientes diversas, unas más afines a ti y otras menos, pero al final lo único que consigues es liarte y no saber si tienes que poner el pañal en la teta o la boca en el culo. Así que lo mejor, sin duda, es dejarte guiar por tu instinto, que para eso lo tenemos y nos ha hecho sobrevivir millones y millones de años. Confía en ti.
2. Paciencia. Es lo que más vas a usar estos primeros días con tu chiquitín, y puede que se te gaste, así que cultívala. Te vendrá muy bien.
3. Pon a raya a los familiares. Sé que todo el mundo está deseando ver a ese bollito redondito que has parido, pero tú eres la que acabas de parir y necesitas descansar y sobretodo, asimilar la nueva situación y conoceros. Tú al bebé y el bebé a ti. Si eso lo puedes hacer con el ritmo de visitas diarias, perfecto, pero si no eres capaz (que será lo normal), no dudes en decirlo. Habla con ellos, espacia las visitas y organízalas de alguna manera. La gente lo entenderá.
4. Descansa. El primer mes es el más duro, y tanto tú como tu hijo estáis cogiendo el ritmo, así que si tu hijo se queda durmiendo, sea la hora que sea, aprovecha y duerme tú también. Sé que se te puede hacer raro estar a las 11 de la mañana durmiendo, pero recuerda que luego cuando se despierte no tienes opción. Tendrás que estar al 100% para él. Y no, no somos máquinas, somos humanos, así que descansa. Es el mayor favor que te puedes hacer tanto a tí como a tu hijo.
5. Recuerda que no estás sola. Sois dos, porque ese bebé tiene un padre. Seguro que él tampoco se quiere perder ni un minuto del crecimiento de su bebé y compartís responsabilidades, pero si sientes que necesitas más, no dudes en pedirlo. A veces ellos no pueden entender todo lo que se nos pasa por la cabeza (o por el corazón) con toda esa revolución de hormonas que tenemos recorriendo nuestro cuerpo. Habla con él. Os hará sentiros mejor.
consejos-bebe
6. Y por último y sobretodo disfruta. Disfruta de la etapa de bebé porque se pasa volando!!

El peque se independiza

Silencio. Mucho silencio. Yo arreglando la cocina con Lómbelico dil mondo bien fuerte. Pero el resto de la casa en silencio. Pero no un silencio cualquiera. Sino uno de esos que hace que a cualquier madre se le pare el corazón. Ese que consigue que en un milisegundo imagines cientos y cientos de escenas con niños aplastados por un armario al que se ha subido en un descuido, desnucados al caerse del sofá en un salto que no preveían tan grande o simplemente defenestrado por su hermano.
Me asomo al salón: monstruitomayor viendo la tele. Solo. ¿Dónde está su hermano?
Busco en el baño, a veces se encierran para lavarse los dientes. Nada.
Busco en el LEJ. Levanto algún juguete que otro para ver si está debajo. Nada.
Busco en la habitacióndepapiydemami. A veces les gusta ir allí para encender y apagar las luces de las mesillas. Nada.
Madre mía este niño se ha ido de casa!
Última opción. Busco en la habitacióndelosmonstruitos.
Y allí lo veo.
Uuuffff (dejo de imaginar escenas horripilantes con niños muertos, un alivio quieras que no)
Y allí está él. Con esa sonrisa en la boca que te tira pa´trás, subido encima del cambiador y con la crema del culo en la mano: «tengo muuucha caca mami»
Vale hubiera sido más fácil primero ir a buscarme para pedirme que lo cambie y ahorrarme el tour-turístico-con-susto-en-el-cuerpo por mi casa, pero la parte positiva es que a este le hago yo la maleta mañana mismo.
Creo que, a sus dos años y medio, ya está preparado para volar sólo.

Mis hijos también tienen cosas buenas

Pobrecitos, yo aquí siempre metiéndome con ellos y hablando de cómo alteran mis nervios (véase «El lado oscuro de los míos«, por ejemplo) y a veces se me olvida que también tienen cosas buenas. Porque sí, mis hijos también tienen cosas buenas, y muchas.
– Mis hijos son dulces.
– Mis hijos me dan un beso para curarme cuando me hago pupa.
– Mis hijos cuando están más de cinco minutos separados, al reencontrarse se dan un abrazo de película.
– Mis hijos me hacen ser mejor persona (o intentarlo, por lo menos).
Monstruitomayor intenta cuidar de monstruito pequeño (cuando no le está pegando, claro).
– Mis hijos le dan besitos a las plantas.
Monstruitopequeño tiene una sonrisa que enamora.
– Mis hijos son a veces dinosaurios, a veces tigres y a veces dragones, pero eso es porque les gustan mucho    los animales.
– Mis hijos cuando duermen son 100% comestibles.
– A mi hijos les gusta ayudarme a limpiar.
– Mis hijos son inocentes.
– Mis hijos creen que su mami es la mejor.
– Mis hijos son nobles.
– Mis hijos, al nacer, me dieron los dos mejores momentos de mi vida.
– Mis hijos no comen siempre pienso, no se están pegando todo el día, no comen arena nada más que en verano y no siempre gritan…bueno, esto último sí, pero son mis hijos y tienen un grito muy agradable 😉
En resumen, no voy a decir que no sea nadie sin mis hijos porque yo ya era alguien antes de que entraran en mi vida. Lo que sí que puedo decir sin miedo a equivocarme es que desde que, tanto ellos como su padre, entraron en mi vida, la han mejorado increiblemente y desde luego me sería muy difícil estar sin ellos.

Premio "Amor de madre"

El otro día Laura, de Baberos y Claquetas, publicó una entrada preciosa, pero de las preciosas de verdad. Ya la compartí en su momento, pero para los que os la perdisteis podéis verla aquí

Nada más leerlo creo que ya tenía mi momento en la mente, tan sólo me queda contarlo, así que ahí va:
Era un día de esos de los difíciles. Esto de la maternidad, como ya sabéis, es un poco como una montaña rusa. Hay días perfectos, tranquilos, en los que te comerías a tus hijos, y otros días en los que tirarlos por un acantilado parece la mejor opción. 
Bien, pues el que os cuento era un día de esos de acantilado. A mi no me gusta gritar. Además, veo bastante absurdo explicarle a los pobres que no se grita mientras yo grito. Es tan contradictorio que temo que un día se les colapsará el cerebro y les explotará. Y la culpa será mía y sólo mía, por dar información tan contradictoria.
Mis monstruitos tienen una «supuesta» habitación de juegos. Digo supuesta porqué jugar lo que es jugar, ahí no juegan nunca, en la práctica tan sólo es un lugar de esparcimiento de juguetes (LEJ). Ese día yo estaba recogiendo la cocina, cuando sigilosamente salió monstruitomayor del LEJ y se metió en la habitacióndepapiydemami. Papi tiene en su mesilla una foto de la abuela, a la que monstruitomayor no ha tenido la suerte de conocer.
Cuando lo ví coger la foto exploté y, grito en boca cual madre absurda entoné un largo «¿¿¿¿quieres dejar de una santa vez de tocarlo tooooodoooo y dejar la foto de la abuela antes de romperlaaaaaa????«.
El pobre me miró un poco anonadado y, mirándome fijamente a los ojos me dijo (bien bajito porque no se grita): sólo quería darle un beso a la abuela. Se lo dio y volvió a dejar la foto en su sitio.
Sólo quería darle un beso a la abuela. Tan sencillo como eso. La lección que en ese momento me dió mi hijo fue de las grandes. De las que se quedan de por vida.
La bondad e inocencia que tiene un niño lo puede superar todo.
Yo dejé de gritar y empecé a llorar. Por supuesto.